Los Recuerdos

Gerda BrownQueridos Amigos y Pastores,

LOS RECUERDOS

“Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos; Así pues, sea que vivamos o que muramos, del Señor somos.” (Ro.14:8)

Cuando nuestro querido hermano, pastor, profeta y apóstol, Guillermo Martínez, partió con el Señor este mes me hizo recordar muchas cosas acerca del paso de nuestra única hija Dawn-A-Lee. Guillermo era también hijo, esposo, y padre, sabemos que toda la familia, además de los líderes, pastores, e iglesia le van a echar de menos muchísimo. Pero todos tenemos la esperanza de que vamos a volver a vernos un día en el cielo.

Mi esposo y yo no nos lamentamos por los años que no íbamos a tener a nuestra hija, sino que agradecimos a Dios por los maravillosos 48 años que tuvimos con ella. Dawn-A-Lee está en el cielo, pero los recuerdos están siempre con nosotros. Recuerdo su primera palabra “Aleluya”, cuando tuvo apenas 7 meses. Recuerdo cuando fuimos a Sierra Leona, África Oeste, los africanos le pellizcaban las mejillas y jalaba su pelo rubio, pero no se quejaba. Recuerdo al chimpancé, Susie, que adoptó a nuestra hija como su mamá. Cada vez que ella salía de la casa, Susie vino brincando y recargándose sobre su cadera, Dawn-A-Lee no tenía miedo. No tenía una sola amiga con piel blanca; era misionera con sus papás.

Salimos de Sierra Leone llegando a África Este, Kenya con sus elefantes, jirafas, y leones, pero nuestro destino era Kampala, Uganda, donde nos esperaba mucho trabajo con miles de nuevos creyentes. El evangelio completo acababa de llegar a este país. ¿Cuál era el papel de nuestra hija? En primer lugar ser una niña feliz en medio de una cultura diferente. También estar en la iglesia principal todo el día, los domingos, con los otros misioneros y los africanos, comiendo con ellos en la iglesia a mediodía. Sus papás salimos temprano en la mañana a visitar las nuevas obras que estaban comenzando en los pueblos del país. Usualmente regresamos alrededor de las 9 p.m. para recoger a nuestros hijos. Estuvimos viviendo en avivamiento del Espíritu Santo, fueron salvas y sanadas muchas personas, destruyeron su hechicería y fueron bautizados en agua y en el Espíritu Santo.

Llegó otro cambio – se nos pidió ir como pioneros a un nuevo territorio a predicar el evangelio a otra tribu. El distrito se llama Kigizi con el capital, Kabale. Ya teníamos tres hijos, ¿dónde íbamos a vivir? Buena pregunta. No había un lugar para rentar, ni un departamento pequeño. ¿Era imposible comenzar una obra allí? Por supuesto que no, con Dios todo es posible. Dios proveyó el dinero para comprar dos lotes, uno para nuestra casa y el otro para poner una carpa para la iglesia. Mi esposo se fue a Kabale a vivir con una familia de Hindúes de la India mientras que él comenzaba la construcción de nuestra casa; los niños y yo nos quedamos en Kampala para que Dawn-A-Lee y Kerry terminaran su año escolar y luego nos reunimos en Kabale. La casa no estaba terminada adentro, pero ya dio protección del frío de la noche y de ladrones. Kabale está entre las montañas a cuatro mil metros sobre el nivel del mar, el sol salía apenas a las diez de la mañana. Nuestros hijos no se quejaban, tampoco dijeron: ¿tenemos que mudarnos y asistir a una nueva escuela? Dawn A Lee entró a una escuela puesta por la iglesia anglicana. La mayoría de los estudiantes eran africanos, pero había
unos pocos judíos, porque el gobierno dio a los judíos el contrato de construir la carretera al capital. Ella sufrió persecución, le robaban sus tareas, le quitaban su silla o mesita, etc. Pero venció y era feliz enseñando a los niños en la escuela dominical. Algunos de estos estudiantes ahora son pastores y líderes predicando en todo el distrito de Kigezi.

La vida no fue fácil para nuestra hija, pero siempre mantuvo su fe en Dios y su sonrisa. Se casó con un buen cristiano (así apareció), tuvo dos hijos y luego el esposo abandonó al Señor y su familia, dejando a ella sola para criarlos. Dios fue fiel, proveyó un buen trabajo. Pero no era el fin de las pruebas. Encontraron que nuestra hija tenía cáncer linfática en el cuarto grado, el próximo era la muerte; no aceptamos el pronóstico. Ella pidió 15 años más para criar a sus hijos y Dios le concedió su petición. Se volvió a casar con un hombre del trabajo a quien había ganado para el Señor y vivió 15 años más muy feliz a pesar de tratamientos de quimioterapia. Los dos viajaban frecuentemente en barco y avión y nos visitaron cada año en el campo misionero, México y Puerto Rico, siempre alabando a Dios, jugando y brincando en las olas del mar, nunca pensando en la muerte, eso era vida al máximo. Sin embargo el tercer ataque de cáncer vino al cerebro y ella ya no pudo más, se fue con el Señor al cielo, pero está todavía en nuestros corazones; los recuerdos viven y son preciosos.

En la iglesia Glad Tidings, tuvimos un servicio en memoria suya para la familia y amigos. Fue una celebración de su vida; no había ya lágrimas, sino gozo cuando cantamos el canto que ella había pedido, “No puedo imaginarlo. . .cuando todo lo que haré para siempre, para siempre adorarte a ti. . .puedo imaginarlo.”

Se acerca la semana santa cuando celebramos la pascua, la muerte y resurrección de Jesucristo. Su muerte es la más importante porque Él no se quedó en la tumba, sino que resucitó y “Porque Vive Él, Viviré Manaña” y volveremos a ver a nuestros seres queridos junto al trono de Dios.

Espero que esta carta de recuerdos sea para consuelo y ánimo para aquellos que recientemente haya tenido la experiencia que alguien querido haya pasado al otro lado. Nosotros, los vivos, seguimos adelante, la muerte no es el fin sino el principio de una nueva etapa.

Les amamos a todos y estamos orando que sea hecha la perfecta voluntad de Dios en sus vidas.

La Mamá de los Recuerdos,

Gerda Brown